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Viaje al frío

Toda la mañana transcurrió con prisa, yo llevaba mis converse, mis jeans, y su gorra. Todo mi atuendo me hacia divagar sobre él y como estaría esos días en mi ausencia.

Lo curioso fue que tal vez, debí haberme preguntado yo, como estaría con su ausencia. Estábamos tan lejos, ademas de los miles de kilometros, estábamos tan lejos ya aquellos días. Ya sabes, por azares del destino y por burla o capricho de la vida, todo se torna un tanto extraño. Yo aun era yo, pero él, ya no se si aun era el mismo a quien dejé aquella mañana después de tomar una inesperada siesta juntos de la forma mas tierna posible.

No me despertaba para leer algún mensaje de él, puesto que no lo había y me molestaba el hecho de tener que esperar que hubiese alguno, después de todo, no se lo dije. No le había dicho, otra vez, que lo quería, que quería su compañía diaria, a todas horas y de una forma ridículamente cursi.

Me había equivocado al pensar que el frío que me esperaba, era el de aquella ciudad donde pasaba mis vacaciones, y no el frío de alguien. No el frío de las dudas atacándome cada día que estaba lejos de mi casa y de él.

Que equivocada estaba, al querer un poco de clima frío, que terminó siendo un poco menos frío que nosotros.

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La siesta

Hacían ya varios días desde que las cosas estaban un poco extrañas. Yo quería verle, antes de irme quería abrazarlo, sentir que íbamos a estar bien y que quizá para cuando yo volviera, mi mente estaría libre de sombras, ideas y miedos. Que podría entregarme a él como ambos queríamos.
Fui a verle, dispuesta a decirle que lo intentaría, que yo no recordaba como era estar con alguien de la forma en la que él quería, pero que desde mi interior yo deseaba hacerlo y que me ayudara. Aquella mañana donde quedamos dormidos plácidamente, sabía que aquello no duraría mucho, así que lo contemplaba dormir los primeros 15 o quizá 20 minutos, si rostro estaba en paz, su respiración tenia un ritmo tranquilizante y todo él estaba tan tibio, yo observaba cada parte de su rostro, hundía mi cara entre aquel campito de su pecho y su cuello, tenia ese olor que tanto amaba, lo abrazaba con tal ternura para no despertarle. Al fin me alcanzó el momento y deje de luchar contra mis ojos, los deje a ellos también descansar.
Apenas pasó una hora y la mitad de otra cuando me despertó el teléfono celular, me percaté de que ahora era él quien me abrazaba como un niño que no quiere soltar a su madre. Su cabeza y rostro yacían en mi cuello, su brazo me rodeaba tiernamente y su pierna derecha la lo imitaba. Con un movimiento involuntario lo desperté y tuve que decirle con aquel pesar, que debía irme en ese momento. Él asintió y se incorporó, me dio besos pequeñitos mientras yo me arreglaba y el me observaba curiosamente.

Fue a mediados de julio que nuestros cuerpos y almas estuvieron mas juntos que nunca, sin saber que podía ser tal vez aquella la ultima vez.

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El que regresa

Te conté entre líneas de alguien que se fue hace algunos meses. Quien mentía para adornar una realidad que yo desconocía. Hace algunos días volvió, y no es que se hubiera ido a algún otro lugar, mas bien se fue de mi, despojándome de todo lo que tenía. Has de saber pues, que cuando digo que me despojó de todo lo que yo tenía, no estoy hablando de lo material. Estoy hablando del interior, de la esperanza, los ánimos, hablo de tranquilidad y paz, hablo de confianza, de felicidad.

Esta arrepentido, ¿sabes? me pidió un momento para vernos y hablar. No. No fue lo mismo que la vez en la que me pisoteó y me hizo pedacitos, no fue lo mismo como aquella tarde en la que sin más, solo quise estar sola, cuando no te necesitaba, cuando no sabía si quiera que luego podría necesitarte. No fue lo mismo, mis ojos ya no estaban tristes ni humedecidos por leer sus palabras, mi estómago no se había inmutado, mi garganta seguía en su estado normal; no había pues ningún nudo que terminara en llanto. Todo eso cambió, incluyendo el hecho de necesitarte esta vez. Casi podía sentir pena por él, pero muy en el fondo no podía hacerlo pues en realidad no lo merecía.

Quise disfrutar aquel momento de triunfo, aquel momento que esperé durante mucho tiempo, ya sabes, creí que en mi boca me sabría dulce el leer aquellas amargas y tristes palabras casi implorando. Quise decirle que sí, dar la oportunidad de remediar cuantas puñaladas me habían dado sus palabras hace meses, tenerlo de frente y verle a los ojos; tristes y humillados. No pude.

Me di cuenta que mas allá de mis deseos por verle suplicar por un perdón en vano, no sentía nada por él. Había podido decirle por fin y triunfante que sus acciones y palabras me eran indiferentes, que hacía tiempo ya que había alguien mas. Que había sobrevivido o tal vez, vivido.
Quise decirle que ese día únicamente te necesitaba a ti.

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Palabras mudas

Hay algo que jamás le dije… de hecho, no le dije muchas cosas durante nuestra época y ahora que pienso yo en aquello, se viene a mi mente la absurda idea de cuan diferentes serían las cosas si yo no me hubiese callado. Me ha dicho que tiene frío y yo habría contestado que viniera hacía acá, pues podría yo regalarle mil abrazos de esos que te hacen dormir cálida y profundamente.
Le habría pedido que preparásemos el desayuno juntos, como en los viejos tiempos, aunque yo solo le observara. Habría podido pasar con el mi mañana obligándome a ver la saga entera de Harry potter o discutiendo sobre el racismo en Borat mientras presumo una mueca de falso enojo. Mientras él me abraza siguiendo mi juego. 

De haberle dicho algunas verdades, él estaría aquí, a algunos cuantos kilómetros, si, pero aun así seguiría estando aquí esta noche. Tal vez le habría llamado al celular para molestarle y luego decirle que le quiero. Nos habríamos visto la noche anterior alrededor de la 1 mientras bajo con la pijama y ligera como pluma para poder verle. Le habría besado, el abajo y yo arriba en mi escalón preferido, sus manos en mi cintura y mis manos en su cuello. De haber sido mas sincera con él, te digo, tal vez anoche u hoy mismo, estaría embobada en su perfume el cual aun no logro descifrar.

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Un desayuno

Al aparcar el auto afuera de su casa, me di cuenta de que allí estaba Guillerminade nuevo, juntando las hojas secas. Apenas si la miré sintiendo como de costumbre mis mejillas sonrojadas al tiempo que él salía a abrazarme.

Lo observaba buscar y vaciar la alacena para prepararme el desayuno como hacía días. Finalmente me hizo seguirle con aquel sandwich de nutella y chocomilk. Tomé mi lugar de siempre en la orilla mientras mordía el sandwich, él me observaba curiosamente. Notaba en él cierta inquietud, como si no me hubiera visto en mucho tiempo, yo solo sentía su mirada fija en mi. Cruzó sus brazos alrededor de mi torso y me arrastro con delicadeza junto a él. “Ven”.

Lo había extrañado sin decírselo, jamás lo hacía pues no quería asustarlo con el hecho de querer verle tan rápido, no quería convencerme ni asustarme a mi misma con aquella idea de necesitarle. Él me había extrañado también, nos habíamos extrañado con el mismo dolor y yo no quería interrumpir aquel momento con ideas absurdas y vagas. La habitación estaba particularmente fría ese día y se sentía tan bien tener sus brazos alrededor de mi, sin mas. Sin preocupaciones, sin palabras.

Después de todo, me giré hacia él y sobrepuse mi rostro en su corazón pues me gustaba su sonido.
-¿Qué pasa?. -me dijo con voz suficientemente baja como para apenas oirle.
-Nada -respondí a su mismo tono lleno de paz-, solo tengo frío.
-Ven. -me dijo al tiempo que tomaba el cobertor y lo ponía por encima de nosotros.

Me hubiera gustado decirle que sentía morir un poco en ese momento que sentía su boca contra mi cabello aún húmedo como de costumbre. Podía sentir como olía mi cabello tiernamente, y aunque mis ojos estaban cerrados en calma, sabía que me observaba plácidamente. La habitación había dejado de ser fría después de todo.

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Algunas cartas

He descubierto que tal vez hay alguien más. Quisiera decirte que tengo la certeza de mis palabras, pero mentiría. Me gustaría conocer a aquella chica de quien hablas tanto y con tanta nostalgia. Te lo pediría su tuviera el valor de hacerlo, te pediría conocerla, y así entender todo.

Estaría yo pidiendo mucho al querer conocer la verdad, saber todo el antes. Solo una cosa sé; y me lo contaste vagamente al tiempo que me escuchabas desde lejos contarte mi tragedia de aquellos días; pero desconozco quién fue quien te hizo así. ¿O acaso ya lo eras antes? Te exigiría que me dijeras quien es esa persona y por que hablas tanto de ella, ¿o es que acaso no es ella?

No tiene ni pies ni cabeza el tratar de entenderlo. Tratar de entender a una persona de quien no conoces su pasado; y no es que tenga que importar verdaderamente; pero para mi hoy toma importancia y resulta mucho mas complejo de lo que se cree. Resulta mas complejo que armar el famoso rubik cuando no le has visto antes en la vida, y te das cuenta en ese momento de que como siempre, una vez mas, los detalles son los que únicamente importan.

¿Pensaras en ella? ¿Le escribirás de vez en cuando aún a ella? por que tristemente he de decir que yo pienso en él. Pienso en quien me enseñó a hablar como Chileno, en aquel que compraba cartas al lado de una zapatería, quien portaba mi nombre en colores en la izquierda. Pienso ¿a donde habrá ido? ¿acaso se encuentra de camino a esa cima de la que hablaba?

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La pizza y el dip

Ven. Ven y come conmigo aquí.

Justo aquel día vi a Guillermina por primera vez, pasé de largo y me posé en la cocina mientras él se disponía a preparar la comida. Jamás conté lo nerviosa que estaba ni tampoco di a notar que mis mejillas ardían en vergüenza.

Me senté apenas en la orilla, era muy cómodo en realidad. Olía como de costumbre, a mi aroma favorito de aquellos días, el cual se impregnaba a la perfección en mi cabello. Durante aquel tiempo no existió nada mas, solo nosotros dos y aquella pizza. Mi cabello húmedo y bastante relajado, ese día disfrutaba de hacerse notar.

-¿Te hago una colita?- preguntó con aquella voz tan en calma, tanto que me pareció lo mas dulce que había escuchado en buen tiempo.

Creo que es la tontería más grande que ha pasado por mi cabeza pero, ¿sabes? aquella simple pregunta la llevo rondando por aquí desde ese día. La guardo muy bien, la escucho en repetidas ocasiones aquí dentro y me pregunto si algún día él lo hará. Me pregunto si algún día estará de nuevo preguntándome con su rostro lleno de calma, mirando el mío cubierto por aquel desordenado cabello. 

Si en este momento fuese posible decirle algo, lo haría, pero temo que sea algo más que la distancia lo que nos impida decírselo.

ven, hazme una colita y trae de nuevo aquella pizza.

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